6/16/2015

(Sin título aún)

Soy una nube de colores dormilones, un atardecer rosado, de azúcar y algodón.
Mi mirada flota sobre las cosas, sin llegar a tocar la mesa.
Mi cuerpo flota sobre la silla y la mesa, no cae, se sostiene en un limbo de tranquilidad. 
Esa paz justo unos minutos antes de que comience una tormenta de afán. 
Pero no corro. Miro la muerte a los ojos, y sonrío, no se atreve a pedirme que la siga, y en cambio acepta mi invitación de tocar los sueños, de volverse algodón y desvanecerse en un abrazo de... al fin, llegué. Le gusta flotar sobre mis muebles de luna llena.
La muerte... puedo verle dormir justo a mi lado, envuelta en un mundo de sueños, iluminada como atardecer naranja. Puedo quitar los cabellos de su cara, con una suave caricia. En vez de acabar con ella la he hecho sentir bienvenida en mi mundo de suspiros. Y no ha querido acabar conmigo. Me ha vuelto su compañía.