6/26/2016

Dorayaki Kudasai

Mónica me contó que se fue desde Bogotá a Santa Marta, haciendo autostop, sola, a las 22 años, porque se había prometido ir a conocer el mar. Me dijo que los sueños le daban energía todos los días para seguir. Me mostró que no era tan alocado pretender ir a donde te llama el corazón. Pero luego me preguntó yo a dónde soñaba ir, y me amargué porque me di cuenta de que no soñaba con ningún lugar, nisiquiera había guardado los sueños en un cajón, los había tirado a la basura como las cosas que ya no vas a usar nunca. Por dinero, por tiempo, por compañía, por lejanía. Por todo junto. No soñaba desde hacía tiempos y había perdido mi fé. Quizás por eso muchas mañanas no le veía sentido a cada día que pasaba y me quedaba haciendo algo sin sentido ni profundidad. Entonces, me dije a mi misma, Mi misma! Averigua cuáles son tus sueños! Y me fui de viaje al río, y me mostró la gran roca, el gran motivo de mi vida, y luego, me vi una peli, con la que supe claramente que lugar me llamaba con fuerza desde el otro extremo del planeta.

Sueño con conocer los árboles de cerezo, especialmente en otoño cuando ya han florecido y por todas partes llueven hojas de color rosado. 



Los he dibujado en las paredes de mi cuarto, pero creo que no basta. Tengo que ir a Japón a conocer los árboles de cerezo.

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Por cierto, pastelería en tokio, me dijo que quizás la luna brilla tanto para ser mirada por mis ojos. Y quizá esos árboles se estremecen con el viento para saludarme. Me sentí más conectada que nunca con el mundo, "descubrimos de la mano de la anciana que los muros de nuestra cárcel particular son tan grandes como nosotros queramos que sean". Sabe bien hasta para los que no son muy de comer dulces...