6/27/2011

Los pájaros.

Quisiera sobre todas las cosas

ser una persona seria y sentir que cuando digo algo
esto es expresado como una copia de la realidad:
Una terrible confesión, una profundidad nunca antes alcanzada, el descubrimiento más grande de la historia que hace explotar al mundo. Un nuevo big bang.

Pero son vacuas mis palabras y
soy solo una interpretación.

Escrita con todo el dolor o el éxtasis he de sufrir la impotencia de mostrar lo que siento en todos sus significados. ¿Es suficiente el poder evocativo de las palabras?
Mi maldición es sentirme muda, amarrada desde adentro por la ética, que poco a poco deja de ser alimentada por los entornos poético-alcohólicos que escojo.



Pero a veces me libero, y soy aún un canario, con las alas demasiado delicadas para poder volar sobre el volcán.


El tímido pajarito desea ser un águila, desea que sus versos evoquen los paisajes más suntuosos, más profundos, o que sus dedos encuentren una imagen adecuada en google.




Vanos deseos, en comparación a lo que me puya el alma más adentro,

me quiebra como -un clavo a un huevo-,


no,

mejor como -un clavo en una pared a punto de caer-. En medio de un terremoto y de materiales a punto de deshacerse y salir volando, porque

en serio que no tiene sentido ser una fuerte pared,

prefiero ser polvo que vuela en medio de la tempestad,
caer en la calma y volver a regocijarme con el paisaje.

Maldito superyo, malditas las normas que me ha cuchareado la sociedad y me inhiben de desnudarme y andar por la calle con apenas una ruana rosada mostrando las deliciosas curvas que veo a solas cuando me miro al espejo.
Ella se dedica a evocar penas, a gritar errores, y jamás dice está bien, cariño, hagámoslo juntas. ¡Maldita guerra constante! No es caos, no. Es toda una guerra, un llanto constante de mi ser amarrado y envuelto en un colchón que es arrojado al mar pero que flota. Respira y ve. No come, no camina, no puede hacer nada por sí mismo, pero ve el atardecer y canta con los pájaros. Ve cuando cae el águila en busca de una presa y se deleita en cada sensación, pero no aguantará mucho si no le dejan en libertad de perseguir a ese pájaro y mirarle hasta encontrar su esencia, y saber todo el valor de su delicadeza.

¡Si supierais que es la libertad! Si supieras que para mi no existe el trabajar, y mis acciones son fruto del placer secreto que oculto a diario por que me apena ser tan soñadora!... Si supierais que mi libertad está entre los animales que se revuelcan en la arena de la playa, y dedican tres semanas enteras a acariciar una ola... si supierais que cuando soy libre no me da hambre, y me basta con las frutas de mi bosque tropical... Si supierais que a la ciudad voy solo por libros y disputas cuando necesito disputar... si supierais que mi alma no necesita acicalar a mi cuerpo con aromas y afeites, y que le basta con tu sonrisa.

Dirás dueña del colchón, que moriré de frío y de hambre si no sigo vuestros caminos.
Pero con mis lágrimas soy capaz de disuadir más que cualquiera con dinero, pues yo sé llegar al alma cuando toco, y yo digo la verdad cuando yo miro.