6/30/2011

Sobre volar.

-¿Cómo vas, cariño?

-Bien, flotando, lejos del piso, dejando que el mundo de vueltas mientras yo le miro desde arriba. Influenciada por mis macabros amigos, por los poetas alcohólicos y los locos que no conocen el juicio...

- Okey, estás en modo bohemia. Me gusta cuando escribes porque estás más presente que nunca.

-A mi me gusta cuando la gente duda... y termina contándome todas las opciones que se presentan en su cabeza, me gusta cuando se observan y al mundo desde afuera, es como si pudiera ver como el alma vuela más arriba que sus cuerpos, que permanecen en esa expresión de duda.

-Jehehe que bonito, entonces yo soy un fantasma que no puede volver a su cuerpo

-Bueno, en realidad hay una condición para salir...
La decisión debe ser de tipo filosófica, algo muy personal, todo en el plano de las ideas y nada que ver con el piso, con el sostenimiento del cuerpo, si no del alma.
Vuela cuando dejas que el cuerpo se quede ahí, casi que caiga, desfallezca por falta de atención (en sentido metafórico), mientras le prestas atención al alma, que se eleva con naturalidad cuando se le desamarra de preocupaciones mundanas.

- Ah, entonces no. Mi cuerpo está muy bien cuidado.. es todo un templo.

- Te pierdes de volar...

- Soy un templo regordete y feliz, pero soy buena pista de aterrizaje, los pájaros necesitan un árbol que les de cobijo cuando viene la lluvia
los árboles no vuelan, pero conocen el viento, aguantan tempestades y cambian cuando es tiempo de adaptarse.

- Las tempestades. Tienes razón, hay momentos de tempestades....
quizás por eso aquellos que vuelan bajen de vez en cuando, para que su alma descanse dentro del cuerpo, y se atan artísticamente, con cuidado de no hacer demasiado fuertes o blandos los nudos, hasta que vuelva la calma en el cielo, entonces se refugian en algunos deberes, como cocinar o planchar a camisas y luego pagan la cuentas, buscan cobijo bajo un poco (solo un poco) de monotonía que les devuelva la seguridad de que el cordón no se romperá de tanto estirarse, de que pueden volver a ser normales quizá algún día, normales en cuanto estar vivos en vez de con un pie en la tumba como están siempre los que vuelan.

*Inspirado en los versos de Oliverio Girondo, en la columna a la derecha de este escrito.

Mi gratitud a Guillermo que me preguntó como estaba, pregunta que me parece mágica.