Día de puta mierda. Bueno no, simple día de revelación, chica rolliza.
Pequeño sebo de grasa que borra toda sonrisa de mi rostro.
Que desvanece mis ganas de salir de aquí por vergüenza,
por desproporción horrenda de sombrilla de barriga sobre caderas y lindo triángulo mágico.
No sabía que lo terso de mi ombligo fuera parte de la magia que en mí
ejerce su seducción.
De repente soy otra, un angelito que ha caído,
como un adicto al éxtasis, siempre queriendo sazonar y seducirse con la vida.
De repente soy un masa de pizza estirada sobre la superficie del mundo,
una cara sin sazón, una cara sin significado, sin luz, y
un cuerpo de cumbres repetidas.
Solo deseo lograr lo que mi gorda madre logró en algún momento,
separar su autoestima de su talla de ropa.
No de su autoconcepto por que hay que ser conscientes,
sino separar su capacidad de disfrutar la vida de su capacidad de mantener la línea.
Le he preguntado y me ha dicho que fue a punta de intentarlo y al final rendirse,
yo espero que en mis sea de otro modo,
un proceso consciente de rechazo de los cánones globalizados que hablan de
cómo tiene que ser todo.
Impositivos y macabros que se olvidan de cuán frustrada y desamparada me siento
al juzgarme junto a ellos.
En cambio, cuando me juzgo con mi propia historia,
cuando me juzgo después de analizar cada detalle circunstancias
o la forma en que está organizado todo a mi alrededor,
soy un milagro, una maravilla, lo más avanzado que he podido vislumbrar,
por que en mi he incorporado todo la magia que he presenciado,
que he admirado, que he descubierto. Y justo en esos términos: magia.
Y naturalmente mis mágicos métodos no implican la
anorexia instantanea a la mesa para el día necesario.
Si admirara y por tanto incorporara a una anoréxica en mi lista de cosas admirables,
la vida ya no tendría sentido.
Quiero incorporar más a la señora gorda que vende dulces en la esquina
para sostener a sus hijos, o a la lavandera gorda,
o a la gorda ama de casa.
Incluso fofa si su trabajo y esfuerzo requieren de estar sentada,
mientras no tenga flácidos los músculos de sonreír.
Pero mierda esto es difícil. Tengo que definir y romper con cada uno de estos redondeles de cadena, o al menos encontrar uno que me haga definitivamente romper la cadena.
Por cierto, en internet no encontré imágenes sino de modelos, y si no,
igual las mujeres que se muestran por aquí son todas flacas.