Hay momentos de una irrefrenable rebeldía y decisión. Cuando fué hora de que él se fuera, tomé las llaves y abrí la primera puerta hacia la calle mientras él intentaba detenerme. Con mis ojos le convencí de que era para abrirle la puerta a él, porque la reja estaría cerrada. Bajé las escaleras con entusiasmo, aunque frenada por el dolor.
Para despedirse él se acercó a mi cuerpo, y tuvimos un largo abrazo con apasionados besitos esquimales, pero nada de eso bastaba para detener mi libertad. Al girar los cerrojos... fue instintivo y natural sacar mi cuerpo de un salto largo y respirar el aire profundamente, como un enfermo que no ha salido en meses, como yo.
¡Aire increíblemente fresco! Existíamos sólo el aire y mi cuerpo... por ese instante infinito de aspirar hasta llenar los pulmones.
Y todo se detuvo cuando se levantó ante mi una montaña gigante con su mirada de reproche, de hermano mayor.
Me espanté.
Igual nadie podía ver los sentimientos en mi cara inexpresiva.
Le hice caso.
Entré y cerré la puerta conmigo adentro. Sin explicaciones. Él había cruzado la línea y tendría que decírselo, no permito a nadie jugar conmigo el papel de captor.
Para despedirse él se acercó a mi cuerpo, y tuvimos un largo abrazo con apasionados besitos esquimales, pero nada de eso bastaba para detener mi libertad. Al girar los cerrojos... fue instintivo y natural sacar mi cuerpo de un salto largo y respirar el aire profundamente, como un enfermo que no ha salido en meses, como yo.
¡Aire increíblemente fresco! Existíamos sólo el aire y mi cuerpo... por ese instante infinito de aspirar hasta llenar los pulmones.
Y todo se detuvo cuando se levantó ante mi una montaña gigante con su mirada de reproche, de hermano mayor.
Me espanté.
Igual nadie podía ver los sentimientos en mi cara inexpresiva.
Le hice caso.
Entré y cerré la puerta conmigo adentro. Sin explicaciones. Él había cruzado la línea y tendría que decírselo, no permito a nadie jugar conmigo el papel de captor.