11/20/2015

Una llamada, un abrazo, una mirada cálida que nazca de un corazón humano, levantarse a cojer el bus antes de las 9.

Siento que estoy haciendo todo mal.
Después de latigarme por varios meses, un ratico cada día,
se me ocurrió preguntarme... y ¿es que alguna vez he sentido que estoy haciendo las cosas bien?
¿Alguna vez he tenido esa luz diáfana que se expande a mi alrededor y me muestra cómo debe ser todo, aparte de los estados religiosos, las drogas, y las endorfinas extra?
Puede tener que ver con aquello de tener una sola vida, sin posibilidad de devolverse a las situaciones anteriores para arreglar las cosas. No es un escenario de teatro en donde puedes detenerte y volver a empezar. Ensayar el gesto, repetir el texto.
Lo haces mal incontrolablemente y la culpa se mantiene, porque no podemos corregir nunca realmente todos los errores cometidos en el pasado. No se puede volver a ver la materia, repetir el semestre, presentar una corrección. No se puede reflexionar, discutir los puntos y volver con una perspectiva más informada, más amorosa con los otros, menos egoísta y centrada en uno mismo.

No se puede tener los ojos en todas partes, para entender realmente que está pasando, no se puede hacer una lluvia de ideas sobre las posibles modos de responder a una situación, anotarlos, evaluar sus pros y sus contras, para finalmente aplicar delicada y controladamente la respuesta, que sería coherente con el discurso que hemos construido cada uno sobre cómo se debe actuar y por qué. La realidad y su complejidad están ahí para encerrarnos en la única opción, el momento presente y su absurda necesidad, imperiosa y acosante de respuestas rápidas. Una llamada, un abrazo, una mirada cálida que nazca de un corazón humano, levantarse a cojer el bus antes de las 8.

Nosotros estamos ahí, con otras ideas en la cabeza. Intentando disfrutar el flujo de la vida, intentando seriamente encontrar un pedazo diferente de nosotros, enfrentados con otro desafío, para el cual, lo que nos está pasando en el momento es una distracción a evadir. Cada loco con su tema (se llama el bar de al lado de mi casa). Cada cual en un rollo que no suele adaptarse con el presente. Ahí están los desencuentros.

Cada cual está construyendo una meta, anda en una reflexión a punta de suspiros con el pasado, con una búsqueda personal de algo... algo.... algo que nos llene de verdad. Persiguiendo al fantasma dorado que nos guiña el ojo, y corre alejándose, a pesar de nuestro andar, y cada vez más rápido hasta que desaparece, y nos encontramos en otra parte del mapa, igual de perdidos que siempre.

Te presento con una mezcla de verguenza y orgullo, mi errada y aventurada humanidad.